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el retrato de una estirpe de luthiers a un mundo donde manda la IA, destacamos novedades en catalán. Los libros de Matt Dinniman: una bola de nieve en la mazmorra
Negros, distópicos, históricos, con y sin fantasmas, entre el amor y el duelo, ofrecemos una selección de la última hornada de la narrativa catalana, empezando por la nueva novela de Ramon Mas, Sempre és massa tard (L’Altra), en la que un hombre ha perdido el curso de su vida cuando se despierta a las afueras de la ciudad y, creyendo que han pasado unas horas, han sido quince años.
En Si fos una sibil·la (Angle), Maria Canelles sigue a Amanda cuando empieza a trabajar en una librería del centro de Barcelona y nos muestra tres generaciones de su familia, de la herencia del pasado a la proyección de futuro en diferentes planos narrativos.
En ‘Les conseqüències’ (Proa), Pere Antoni Pons trenza pasado reciente y presente en múltiples capas Aniol Florensa también cruza en L’illa de les barretines (La Campana) dos tiempos narrativos, pero más extremos, pues el narrador, un escritor con el nombre del autor, investiga y escribe un libro basado en las peripecias de Pere d’Alberni, un tortosino que en 1790 es enviado para liderar una milicia de fusileros catalanes a defender la isla de Nootka, junto a la actual Vancouver, donde vive todo tipo de aventuras, buena parte de ellas hechos históricos. En Les conseqüències (Proa), Pere Antoni Pons trenza pasado reciente y presente en múltiples capas. También con un pie en la autoficción, investiga la posible presencia de destacados miembros de las SS en Mallorca en los años cuarenta y la trama liga con la represión del antifranquismo en la transición y derivadas a la arquitectura y la rondalla popular.
Flavia Company –en La clau (Navona)– y Care Santos –en Buidar la casa (Columna)– beben directamente de la realidad, la primera relatando una vuelta al mundo y la segunda en una exploración del duelo, uno de los temas de El niu (La Campana), de Eduard Sola. Mons on trobar-te (Males Herbes), de Berta Creus, también lo toca, con un amor que sigue más allá de la muerte y la añoranza, con fantasma incluido. En cambio, en Sorra (La Magrana), Cristina Genebat ficciona tres voces femeninas de edades distintas, entre la primera adolescencia aventurera y la entrada en la madurez. Marc Cerrudo narra el olvido y el recuerdo de una mujer mayor en Postals del món que oblido (Univers), y también una mujer mayor protagoniza Fer cantar els arbres (Columna), en que Jordi Campoy retrata una familia de luthiers y algunos de sus secretos.
Oriol Canals ha publicado El cinquè cor (Rosa dels Vents), un thriller negro que arranca con una imagen poderosa: el mejor cardiólogo del mundo recibe una caja con tres corazones humanos dentro. La investigación revela una trama entre la ambición y la corrupción. Short (Crims.cat), de Llort contiene 37 relatos con la incomodidad como nexo común, entre el aforismo descarnado y la ciencia ficción, género que toca Ada Castells en L’antropòloga (Edicions 62), que imagina un mundo donde solo quedan 300 humanos gobernados por una IA, donde una antropóloga lleva su trabajo hasta las últimas consecuencias.