La escuela de Frankfurt en clave femenina
2/2/2026
E
l volumen colectivo ‘En las sombras de la tradición’ hace emerger la contribución de las mujeres en la actividad del célebre Instituto de Investigación Social
La coincidencia de la publicación en España de este ensayo con la ofensiva del nacionalpopulismo contra los postulados feministas —y, en especial, contra la llamada agenda woke, que busca situar en el centro del debate público y político la lucha contra el racismo estructural, la defensa de los derechos LGTBIQ+, el feminismo, la revisión crítica del colonialismo, el uso del lenguaje inclusivo y la denuncia de las desigualdades— permite observar hasta qué punto el mundo contemporáneo tiende a definirse en polos opuestos y enfrentados.
Mientras que los sociólogos Stephan Voswinkel y Sarah Speck e investigadoras sociales como Bea S. Ricke, Lena Reichardt o Christina Engelmann proponen en su compendio de textos hacer emerger la contribución de las mujeres en la definición, consolidación y aportaciones intelectuales del Instituto de Investigación Social (IfS), conocido como la Escuela de Frankfurt (fundada en 1923), la visión nacionalpopulista considera estéril e improductivo el propósito de reivindicar el papel de las mujeres en una institución de raíz marxista desde la que se han estudiado cuestiones como el autoritarismo, el papel del yo, la familia, los prejuicios o la tecnología. El ensayo recupera la influencia de figuras como Clara Zetkin, Else Frenkel-Brunswik o Elisabeth Lenk Avanzar en la historia del IfS a través del trabajo de un colectivo de académicos que investigan a las mujeres que dieron forma tanto al instituto como a la Escuela de Frankfurt desde los años veinte hasta hoy, permite acceder a una historia invisibilizada y reconocer que no habría sido posible sin su contribución. Para comprender la génesis y el impacto de sus aportaciones en el universo intelectual de los frankfurtianos —entre los que se cuentan Max Horkheimer, Theodor W. Adorno, Erich Fromm, Walter Benjamin o Herbert Marcuse— resulta imprescindible preguntarse: ¿cuál fue el papel de las mujeres?, ¿dónde estaban las mujeres? Solo así puede desmontarse el mito de una tradición construida exclusivamente como una “historia de hombres”.
El lector descubre cómo las llamadas “esposas” de los intelectuales participaban activamente en las investigaciones e influían en ellas, aunque fueran sistemáticamente desplazadas a los márgenes; cómo se relacionaron con los movimientos obreros; cómo figuras como la feminista y comunista Clara Zetkin ejercieron una notable influencia política en Felix Weil, uno de los fundadores del instituto; o cómo se actualiza el papel fundamental de la socióloga y política Käthe Leichter, participante en los años treinta del siglo pasado en el Estudio sobre autoridad y familia.
Asimismo, se recupera la obra y la trayectoria de Else Frenkel-Brunswik, en la que ya aparecen cuestiones clave como los “esquemas mentales binarios, generadores de estereotipos y fetichizaciones en torno a las imágenes y relaciones de género”; se analiza la relación intelectual y epistolar entre Elisabeth Lenk y Adorno; y se da cuenta del diálogo actual entre las colaboradoras del Círculo de Trabajo Gender, Kinship, Sexuality que se debate hoy en el Instituto sobre la influencia de la familia, el parentesco y las relaciones sociales en la definición y expansión de la identidad.
Uno de los capítulos más clarificadores es el dedicado a Lenk, Adorno y las vanguardias, de Bruna Della Torre. Resulta especialmente iluminadora la profunda influencia que esta teórica de la literatura ejerció sobre Adorno a través de su tesis doctoral, El asalto de Narciso. El materialismo poético de André Breton, en la que aborda el surrealismo como el momento de un salto del arte a la vida. En ella se plantea el papel decisivo de los “ismos” y de los manifiestos artísticos, siempre mirados con sospecha por Adorno.
A la luz de todas estas aportaciones, el mito de la Escuela de Frankfurt se enriquece al mismo tiempo que queda al descubierto un olvido interesado. De este modo, una teoría crítica que aspire a comprender sus propias limitaciones y fantasmas y a desentrañar las raíces que mueven la historia necesita enfrentarse al vacío que deja el desconocimiento —o la renuncia a saber— del papel que desempeñaron las mujeres en la conformación de uno de los movimientos intelectuales más influyentes del siglo XX.