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Perdido en unos grandes almacenes
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Perdido en unos grandes almacenes
  4/8/2026



E l autor permanece unas horas encerrado en uno de esos no lugares que, en 1992, el antropólogo Marc Augé definió como esos espacios intercambiables donde el ser humano permanece anónimo

El Corte Inglés de Plaça Catalunya. Proyectado por el arquitecto Llorenç García-Barbón, se inauguró por la Mercè, el 20 de setiembre de 1962. Consiste en 2 subterráneos, 1 planta baja y 9 plantas, la última restaurante y cafetería panorámica, Tiene 40.000 metros cuadrados. El Corte Inglés de Plaça Catalunya. Proyectado por el arquitecto Llorenç García-Barbón, se inauguró por la Mercè, el 20 de setiembre de 1962. Consiste en 2 subterráneos, 1 planta baja y 9 plantas, la última restaurante y cafetería panorámica, Tiene 40.000 metros cuadrados. Àlex Garcia 

Cuando todo en tu vida se desmorona, siempre te queda ir a El Corte Inglés. Esos grandes almacenes han hecho tanto por nuestra autoestima que nunca se lo podremos devolver. ¿Un ejemplo? No hay en ningún edificio de El Corte Inglés de ninguna ciudad española, ni una sola, en la que te atienda un dependiente o dependienta que sea más guapo que tú o que le quede la ropa mejor que a ti. ¿Algo casual? En absoluto. Los que dirigen el casting son absolutamente cuidadosos en ese aspecto de su trabajo porque en un mal día pueden cometer un error y eso, lisa y llanamente, destrozaría desde dentro todo el precario equilibrio de dependientes, interesados y jefes de sección, llevando a la ruina no solo a la empresa sino al país porque si algo es cierto es que rompiéndose El Corte Inglés se rompe España.

Es curioso que siendo unos almacenes de moda y complementos, los dependientes masculinos –siempre al acecho, siempre “¿en qué le puedo ayudar?”– suelen llevar los trajes o bien cambiados entre ellos o de cuando les hicieron el primer contrato de prácticas. Ellas suelen estar más en talla, pero en sus compañeros estar fuera de forma simplemente no importa y tú lo agradeces, por supuesto. Conocen la naturaleza humana de sobras. Vas a Tallas Grandes y el dependiente te aconseja ir a la planta de Hombre, como diciéndote: ¿Qué haces aquí, chaval, con esa cinturita de abeja? No es táctica comercial o atrofia visual sino saber que el hombre obedece a una idea superior que es que El Corte Inglés es un mundo sin malas noticias sobre tu cuerpo y tu alma.

No hay ningún dependiente o dependienta que sea más guapo que tú
Trabajé un par de años allí, en control económico. A mi jefe lo llamamos Mínimo Dutti porque un día se atrevió a venir con chaqueta Massimo Dutti y pantalón de marca barata. Pero no se solía ser tan cruel a menos que tuvieras ganas de plantear la revolución sindical, a riesgo de gulag. Me encargaba de tramitar los pedidos y entregas de prendas desde El Corte Inglés de Catalunya al resto de almacenes. Como en un capítulo de Black mirror, tú, como empleado joven, conviví con tu yo del futuro y, la verdad, acojonaba. Con veinte años trabajar en El Corte era como probar la heroína. Solo por un tiempo podía ser para toda la vida.

Debemos mucho a El Corte Inglés. La Navidad, por ejemplo. ¿Qué hubiera escrito Dickens con Mr. Scrooge pasando delante de un Corte Inglés…? O sus escaleras mecánicas que fueron para muchas generaciones nuestras primeras escaleras mecánicas. Pero por encima de todo, El Corte Inglés es un Orden, los restos de un gobernador civil, el típico general que nunca habla catalán, pero al que fusilan los nacionales por ser leal a la República. Un Orden siglo XVI, ancestral, divino, de imperio austrohúngaro –Sissi y el archiduque hubieran comprado perfumes y joyas aquí; también sus nihilistas, papel, punzones y material explosivo–­. Nada lleva al caos en El Corte Inglés. Todo es como debe ser, como siempre ha sido, como será incluso en el San Fermín de las rebajas. En televisión parece anarquía, pero sigue siendo orden. Hilos invisibles de nailon y acero.

Ese orden que parece emanar de la propia Creación bíblica está en la temática elegida para el edificio con cafetería panorámica en lo más alto, llena de camareros ya extinguidos en zonas de Eurasia. En el Génesis, Yahvé lo hizo todo en seis jornadas pero Él no tuvo que ubicar Club Gourmet o Territorio Vaquero, por ejemplo. Aquí son nueve: alimentación, peces y animales en el sótano 1. En planta baja, técnicas de seducción: moda, accesorios, cosmética. Dios creó a la mujer en su primera planta. En la segunda, por caballerosidad, el hombre. Del amor binario de ambos nacen los bebés en la siguiente planta y ropa infantil. Luego los chicos crecen y son la planta joven. Ese era el rito de iniciación para más de una generación. No era necesario matar un león para ser adulto, solo vivir lo suficiente para pasar de niños a jóvenes. Grandes electrodomésticos como si dijeran “grandes depredadores” en la quinta. Hogar, dulce hogar en la sexta y ya, después, electrónica, ocio, deportes y flan con nata en la terraza.

Esa idea de orden se mezcla con una vocación de universalidad en El Corte Inglés como cuando en el medievo se decía de personas que lo habían leído todo, o cuando ibas al zoo a ver delfines, leones, osos y lagartos. Aquí está todo y, si no, te lo piden. Y si no te gusta te devuelven el dinero y sigues sin tener ni idea de a dónde va la gente que trabaja aquí cuando se apagan las luces. Quizás se ponen ropa de su talla y se desmaquillan para confundirse entre la muchedumbre, bajar las esca­leras del metro, esperar el bus, anónimos, alejándose hasta maña­na del centro del mundo, sin reproches, sin elegancia ni crueldad.


Carlos Zaón- Lavanguardia

Foto Asis Ayerbe-Librujula




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