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Formentor: bienvenidos a la Biblioteca Universal de la gran literatura
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Formentor: bienvenidos a la Biblioteca Universal de la gran literatura
  3/11/2026



E l libro ‘El canon Formentor’ relata en una bella y exhaustiva edición la historia de un galardón —que, este año, se entrega este domingo— nacido para celebrar a los autores imprescindibles


 El canon Formentor expone su ambición ya desde la portada: Una historia de la literatura. Y lo hace a partir de un premio que arrancó en Formentor en 1961 y que volvería a sentar cátedra medio siglo después con el objetivo de celebrar las joyas literarias que alimentan y dan esplendor a la alta cultura. A la cultura que permanece. Publicado por Fundación Feltrinelli/Anagrama y compuesto por la Fundación Formentor, con preámbulos de Jorge Herralde, Antoine Gallimard y Basilio Baltasar, el canon se muestra exuberante y profundo al explorar una inmensa biblioteca universal habitada por los ganadores de un premio que, en palabras de Giulio Einaudi, pretendía ser el anti-Nobel, “o, mejor aún, como la superación del Nobel”.

El volumen analiza la singularidad estética de los autores y subraya su influencia al romper los corsés de la narrativa
Los editores toman la palabra. Impulsado por Carlos Barral, Claude Gallimard y Einaudi, el Formentor nació para defender su condición de referencia internacional y reivindicar la defensa de una literatura de gran calidad. La excelencia estética, ante todo y para todos, custodiada por la independencia. Y, por si había alguna duda, el primer fallo no admitía concesiones: Borges y Beckett. Dos genios para una distinción conjunta. Distintos, pero no tan distantes. Talento puro y endiablado para poner letras arriba la literatura del siglo XX.
 El canon Formentor enhebra una idea que ensalza a los editores como creadores de un territorio cultural muy concreto –libre de las ataduras más comerciales– que permite dar a conocer a autores decisivos que sostengan una tradición literaria europea ajena a modos y modas conformistas y previsibles. No se hace desfilar a los premiados, sino que se entabla un diálogo fértil y jugoso entre los creadores y sus recreadores: colaboradores como Félix de Azúa, Jordi Gracia, Marta Rebón, Annie Ernaux, Valerie Miles, Jordi Amat, Jorge Volpi, Anna Caballé o Ramón Andrés, entre otros, se adentran en la obra ajena para hacerla propia. No hay mejores guías. Se trata de colocar a los autores en el mosaico de la literatura contemporánea, se busca analizar su singularidad estética, se subraya su influencia a la hora de romper los corsés de la narrativa con el uso y disfrute de los misterios de la identidad y/o aceptando el reto de experimentación formal.

El triunfo de una “conspiración cultural”, el éxito de una “conjura literaria”
El canon Formentor anima, con un diseño elegante y un apartado gráfico revelador, a descifrar la historia de la literatura desde muchos puntos de vista que invitan a una lectura larga, reposada y con libertad de peregrinaje por sus páginas. A gusto del consumidor. El autor, la obra, el editor, el premio, la traducción, la crítica o el dibujo de la vida cultural europea se ceden la palabra para construir una idea de la literatura durante más de sesenta años en una larga travesía de influencias, hallazgos, afinidades selectivas y, cómo no, discrepancias enriquecedoras. No se trata solo de encuadernar un catálogo de letras sagradas, sino de desplegar una cartografía exhaustiva que permita visualizar y entender los motivos por los que una parte esencial de la literatura contemporánea logró entenderse a sí misma y se dio el gustazo de mirarse al espejo sin miedo a los reflejos más inquietantes y provocadores.
Los autores que aparecen en el canon son, además de creadores imponentes, ejemplos esclarecedores de una evolución de la literatura a lo largo de los tiempos, una literatura que pasó de la voladura controlada de las formas tradicionales a la búsqueda de nuevos horizontes donde la conciencia, la memoria, la identidad y demás enigmas del ser humano permitieran (re)conocer un mundo cada vez más esquivo y complejo con ojos abiertos de par en par, sin peajes convencionales ni claudicaciones interesadas. Como apunta Basilio Baltasar en uno de los preámbulos, la misión de Formentor proponía “algo parecido a una conspiración cultural, una conjura literaria”. Y la conjura triunfó. | 

Sirva como elocuente ejemplo que Annie Ernaux, premio Formentor en 2019 y Nobel en 2022, aborda a la gran Nathalie Sarraute, premiada en Formentor en 1964. Vasos comunicantes en el tiempo: una escritora contemporánea estudia a una autora de una generación anterior y enhebra dos formas de comunicar y transformar la tradición literaria.

No es casual que el Formentor naciera en pleno ardor de la Guerra Fría. El premio trazaba un mapa literario que fuera ajeno a las fronteras lingüísticas y políticas y ayudara a proteger los valores democráticos con una cultura independiente como bandera intelectual. Un mapa que se enriqueció con la aportación de las Conversaciones de Formentor, nacidas en 1959, charlas poéticas donde pesos pesados de la creación y la edición como Camilo José Cela o Carlos Barral convertían la discusión en vías abiertas para tejer redes culturales que acabarían siendo una institución llamada a perdurar, influir y guiar. Por cierto, las Conversaciones de este año tienen lugar del 1 al 3 de diciembre.

El canon no se limita a los escritores; dirige el foco a los que deciden qué literatura se debe preservar: los editores
Se despliega en el volumen un suculento festín literario con los discursos pronunciados por los premiados de la segunda época y las actas de los jurados que desde 2011 han participado en el galardón. Y se incluyen, a modo de memoria visual y emocional, fotografías de escritores, entregas de premios, manuscritos, documentos y material relacionado con las Conversaciones. Material que permite a los lectores viajar en el tiempo y sentirse partícipes de momentos que invocaban la posteridad.

La lista de ganadores impresiona. Nathalie Sarraute, Saul Bellow, Carlos Fuentes, Juan Goytisolo, Philip Roth, Milan Kundera, Javier Marías, Annie Ernaux, László Krasznahorkai, Ricardo Piglia, Enrique Vila-Matas, Hélène Cixous o Gonçalo M. Tavares han contribuido a elevar la grandeza de la literatura europea y occidental durante más de seis décadas.

El material documental y gráfico permite a los lectores sentirse parte de aquellos momentos que invocaban la posteridad
Pero no son los únicos protagonistas. El canon no se limita solo a los escritores, sino que también dirige el foco a quienes deciden qué literatura se debe preservar y potenciar. Así es: los editores. De ahí que el Formentor trascendiera la condición de premio para erigirse como uno de los proyectos editoriales más importantes e imaginativos del siglo XX, creando una comunidad literaria mundial. No bastaba (ni basta) con entrar en un canon y ahí te quedas: los editores se enfrentaban a la aventura de descubrir talentos que abrieran caminos a nuevas formas de encarar la literatura. Y, después, llegaba el arduo proceso de traducirlos, publicarlos y darlos a conocer. Casi nada. Casi todo.

Tino Pertierra-Lavanguardia




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