La novela de Ana María Moix que ha dormido 50 años
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La novela de Ana María Moix que ha dormido 50 años
7/7/2026
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a gata maula recibió una beca de la Fundación Juan March. Interrumpida por motivos de salud y entregada en 1976, quedó inédita en sus archivos
''Llamadme Ismael -dijo Guillermo'',
Así, más o menos como Moby Dick, arranca la novela de Ana María Moix La gata maula, terminada en 1976 y que ha permanecido inédita hasta ahora. El mecanoscrito descansaba en el rico archivo de la Fundación Juan March de Madrid, abierto a los estudiosos. Allí ha sido recientemente detectado por la agencia literaria Carmen Balcells, a través de la información de una investigadora.
La agencia, que representa los derechos de Rosa Sender, heredera de Moix, ha solicitado a la fundación el texto. “Vamos a estudiarlo con el mayor interés y veremos que opciones editoriales pueden abrirse”, manifiesta Maribel Luque, directora literaria de Balcells.
Ana María Moix Meseguer (Barcelona 1947-2014) fue una de las escritoras más destacadas de su generación y del grupo de la gauche divine. Poemarios como Baladas del dulce Jim, libros de relatos como Ese chico pelirrojo a quien veo cada día y sus entrevistas en el diario Tele/eXprés la consagraron tempranamente.
Trabajó para sellos como Lumen y Bruguera y en su narrativa destacan los títulos Julia y Vals negro. El expansivo brillo literario y social de su hermano Terenci, con quien innecesariamente se le comparaba a veces, y un carácter más retraído hacen que la figura de Ana María Moix haya quedado en ocasiones algo opacada y por debajo de sus méritos.
El singular destino de La gata maula arranca en enero de 1975, cuando la escritora se presenta a una de las becas de creación de la Fundación Juan March, en aquel momento una institución clave en el fomento a la cultura española de carácter aperturista. Se lo había sugerido el político y hombre de letras Antonio de Senillosa, figura también destacada de la época, y la propuesta era una novela sobre “el hecho de escribir y sobre la ambigüedad de la vida y la escritura”, con un personaje que crea relatos y a la vez habla de sí mismo como si fuera uno de sus protagonistas. Proyecto, pues, de metaficción, en una línea entonces en boga. La candidatura llevaba el aval de la editora Esther Tusquets.
En junio de ese 1975, Moix recibía la noticia de la concesión de la ayuda, con dotación de 216.000 pesetas -en pagos fraccionados-, duración de un año y la obligación de presentar textos cada trimestre. Se encarga del seguimiento el secretario del departamento de creación literaria, Emilio Alarcos.
Sucede sin embargo que Ana María atraviesa en los meses siguientes problemas de salud –una fuerte depresión nerviosa, tratada por el psiquiatra Mariano de la Cruz, un insider del mundo cultural–, y no puede entregar los capítulos convenidos. La fundación acepta congelar los plazos y le mantiene los pagos –ella había interrumpido sus colaboraciones periodísticas para centrarse en este trabajo. Hasta que no mucho más tarde reemprende la redacción, matizando el planteamiento inicial y combinando las fantasías de Guillermo con memorias de infancia e incorporando cuestiones de identidad sexual.
Culmina La gata maula a fines de 1976, Alarcos da el perceptivo aprobado y, en febrero de 1977, la Fundación autoriza a Ana María a que publique la novela.
Pero esa edición nunca tuvo lugar, ni la novela llegó a librerías. ¿Por qué? ¿No le gustó a la autora el resultado, realizado al menos en parte en circunstancias adversas y dolorosas? ¿No convenció a ningún editor? ¿Surgieron nuevos proyectos que le llevaron a aparcar éste?
En el archivo de la fundación, los informes de Alarcos pasan de un inicial entusiasmo (“los 100 primeros folios permiten augurar una obra entretenida y escrita con fluidez, gracia y habilidad”) a cierto escepticismo (“novela sin especial relieve”).
Entre Walter ¿por que te fuiste? , de 1973 y Las virtudes peligrosas, de 1985, Ana María Moix pasó un largo periodo sin publicar ficción para adultos. Un hueco por documentar en la vida de la autora y en su trayectoria literaria, de la que esta novela “dormida” durante medio siglo puede aportar claves.