Català - Castellano
Associa-t'hi!
Feminismo ‘clásico’
Noticia anterior
Noticia següent
Feminismo ‘clásico’
  22/8/2026



P óngase por un momento en la piel de una niña nacida en 1951 y que fue mujer joven en mitad de los setenta con leyes franquistas. Si usted hubiera sido ella, habría tenido un currículo escolar distinto al de los varones, una mayoría de edad más tardía (21) que la de ellos (18), no habría podido, por ejemplo, abrir un negocio ni heredar y habría podido acabar en la cárcel por dos delitos solo imputables a las de su sexo: el adulterio y el aborto. Esto es lo que se conoce como el género, es decir, unas construcciones culturales que la sociedad coloca sobre el sexo ­biológico y que pretenden determinar la manera de ser mujer.

Simone de Beauvoir lo resumió claramente en una frase: “No se nace mujer; aprendemos a serlo”. Mientras el sexo (cromosomas, aparato reproductor …) es inmutable, el género cambia según las épocas –no es lo mismo ser mujer en España en 2026 que en 1974– y según las culturas –no es lo mismo ser mujer en Suecia que en Afganistán–.

El género no es neutro. Si bien perjudica a hombres y mujeres con sus imposiciones, a las mujeres, además, las subordina a los hombres.

El feminismo no nació con Beauvoir a mitad del siglo XX. Resumiendo muchísimo: la conciencia feminista se inicia en la Revolución Francesa, con los cuadernos de quejas . En estos cuadernos de la Francia del Antiguo Régimen, la gente anotaba deseos y demandas. Fue ahí donde las mujeres descubrieron que, fueran nobles o del pueblo llano, estaban atravesadas por unas mismas desigualdades y discriminaciones por el hecho de haber nacido mujeres. Y también la teoría feminista se inicia con la Ilustración, un movimiento que propugna, entre otras cuestiones, la razón como base del pensamiento, y la evidencia y la realidad material como determinantes para apoyar o refutar una creencia o una proposición. Así las cosas, se llega a la conclusión de que todos los ciudadanos son iguales: negros y blancos, nobles y plebeyos… La igualdad de las mujeres (51% de la población) costó bastante más, pero acabó cuajando.

Esto que nace en el XVIII y llega hasta el XXI es lo que ahora se denomina feminismo clásico. Su agenda básica han sido los derechos sociales, los civiles y los políticos. Y dentro de esta agenda siempre ha estado la abolición del género y la abolición de cualquier forma de comercialización del cuerpo de la mujer. Y por supuesto, su sujeto político siempre ha sido la mujer. De eso se trataba, de conseguir la igualdad entre mujeres y hombres. Actualmente, existen otros movimientos que se denominan feminismos –el decolonial, el interseccional…–. Sin embargo, el que genera mayor confrontación con el de siempre es el feminismo transfeminista, que tiene sus orígenes en la teoría queer. 

Lo queer surge de la encrucijada de distintos movimientos: el LGTB en los años sesenta-noventa, la teoría postestruc­turalista de Michel Foucault y Judith Butler y la posmodernidad. La posmodernidad pretende que la emoción está por ­encima de la razón, que la realidad material no importa como base de análisis y que no hay cuestiones universales porque todo es relativo.

La agenda LGTB penetra en la agenda feminista. Butler, en El género en disputa, cuestiona la binariedad del género, pero olvida conectar el género con las estructuras de poder, por lo que resulta evidente que su idea de elección del género solo se puede dar desde el privilegio; y, si no, que se lo digan a las afganas que tienen que moverse bajo un burka.

De todo ello surge la teoría queer, que niega la existencia del sexo como realidad biológica y cree que existen personas no binarias (ni hombre ni mujer), personas fluidas (ya hombre, ya mujer…), que el sexo es elegible, y que es preciso validar todas las sexualidades no normativas y sus correspondientes prácticas. Haga lista: desde quienes gustan de practicar sexo a cambio de dinero hasta lo sadomaso, pasando por la pedofilia (consulten a Foucault o a Gayle Rubin). Todo ello entra en contradicción con la agenda del feminismo de siempre y por ello este no acepta la Q.

Las feministas clásicas están a favor de los derechos humanos. Pero no consi­deran que los deseos sean derechos y no están de acuerdo en que los derechos de ­algunos conculquen los derechos de ­muchas.

Gemma Lienas-Lavanguardia




Artícles relacionats :

    Sense artícles relacionats
Noticia anterior
Noticia següent


Carrer de Canuda, 6. 5ª Planta
08002 Barcelona
Telf: 93 318 87 48 | Email info@acec.cat